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sábado, 29 de enero de 2011

Vuelta al mundo: Contrastes en Japón

Recientemente publicábamos en este mismo Blog, un artículo sobre la Cárcel-Geriátrico de Onomichi, en Japón (pinchar AQUÍ para ver enlace). Hoy mismo, los medios de comunicación en España, se hacen eco de un artículo que aparece en el diario La Vanguardia (pinchar para ver enlace), firmado por Isidre Ambrós, corresponsal del diario catalán en la región de Asia oriental. El periodista habla de la cárcel, como último refugio de los ancianos japoneses y así ha titulado su artículo que refleja el aumento de la delincuencia de las personas mayores en Japón, como un reflejo de la sociedad nipona que está viviendo un cambio radical en la percepción del papel de las personas mayores.

Hay expertos que hablan de la creciente delincuencia en las personas mayores de 65 años, como un reflejo de una sociedad individualista, y al progresivo abandono de las personas mayores por parte de sus familias, que han de emigrar a otros puntos del país para trabajar.

Se llega a hacer el análisis desde la policía japonesa de que esa pequeña delincuencia, basada en hurtos mayoritariamente busca inicialmente la satisfacción de artículos de primera necesidad y acaba en un hipotético deseo de los propios ciudadanos mayores a huir de la soledad amparándose en las cárceles niponas que cada vez se adaptan más a modelos geriátricos para satisfacer las necesidades de los reclusos mayores.

Estos análisis contrastan, y mucho, con otra noticia que publicaba la prensa digital venezolana (Pinchar enlace: minutoaminuto.com.ve)sobre otro modelo de vejez en Japón, a través del cual, se analizaba otra corriente socioeconómica japonesa que afecta a los ciudadanos mayores y que se refleja en la resistencia a la jubilación, especialmente para ciudadanos con profesiones cualificadas. Así nos encontramos con casos como el de Shigeaki Hinohara, médico que ejerce aún con 99 años y que ha recortado su jornada laboral para dedicar más tiempo a dar conferencias y escribir: es autor de cerca de 120 libros, entre ellos "Ikikata jozu" ("Saber vivir"), una guía para una vida sana y larga que ha vendido más de 1.2 millones de copias.

Hinohara es además creador del llamado "Nuevo movimiento de ancianos" , que promueve hábitos saludables entre los mayores y los anima a no tener miedo de los retos y plantearse objetivos a diez años vista.

El nonagenario médico desayuna zumo mezclado con aceite de oliva, apenas duerme cinco horas al día, escribe un blog y tiene una agenda repleta de citas profesionales de aquí a los próximos tres años: la próxima, una conferencia en Honolulu (Hawai) este febrero.

Otro de los casos más conocidos en Japón es el de Toyo Shibata, una activa escritora que, a punto de cumplir cien años, ha saltado a las portadas gracias a su antología de poemas "Kujikenaide" ("No desesperes") , un "best seller" con más de 1.5 millones de copias editadas en 2010.

Shibata se adentró en la escritura a la respetable edad de 90 años, cuando empezó a sentirse "envejecida" y su hijo le recomendó que plasmara sus sensaciones en poesía.

En el ámbito extrictamente económico, en 2006 la media de ahorros de los ciudadanos mayores de 60 años era de 170.000 dólares, datos que reflejan un mayor poder adquisitivo y ahorrador de los mayores nipones frente a la juventud. Esto ha dado lugar a numerosos análisis sobre la capacidad de consumo de los mayores japoneses, de tal forma que el mundo de los medios de comunicación se han adaptado en los últimos años a las tendencias que puede marcar una sociedad madura que dispone de un amplio poder adquisitivo.

Por ejemplo el principal canal televisivo japonés, NHK, ha confeccionado una amplia programación orientada a los consumidores televisivos adultos, con programas que enseñan sobre golf, caligrafía, ordenadores y cámaras digitales.

Y ante estos contrastes, desde este espacio, nos gustaría abrir un debate o un análisis sobre estos rasgos de la sociedad japonesa, respecto a sus ciudadanos mayores, y si realmente pueden ser un adelanto, desde una sociedad neoliberal avanzada, como la japonesa de lo que pueda suceder en otras regiones del planeta como puede ser Europa occidental, y más concretamente España.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Vuelta al Mundo: Cárcel-Geriátrico de Onomichi (Japón)


Hace unos días, navegando por Internet, tuve acceso a la imágen que ilustra esta entrada, y al texto que la adjunta, en su publicación en la página ObservadorGlobal.com (http://observadorglobal.com/japon-las-prisiones-de-la-tercera-edad-f13324.html). Habla de Japón, y las prisiones de la tercera edad.

Indagando un poco más, encontré pocas referencias, unos pocos enlaces, que desembocaban en la misma dirección, la referencia a un artículo publicado por el diario La Razón, en 2007, que hacía referencia a la apertura de un Centro Penitenciario para Mayores en Japón. Este es el artículo:

Japón inaugura la cárcel-geriátrico

En la prisión japonesa de Onomichi los reclusos con demencia senil llevan colgado un cartel para que sus carceleros no olviden administrarles la medicina.

En el penitenciario de alta seguridad de Fuchu, el bizcocho de arroz de Año Nuevo se corta en pedacitos para ayudar a deglutir a quienes no tienen dientes. En ninguna de las dos faltan los andadores, las sillas de ruedas ni los pañales para adultos. Una sociedad envejecida necesita acomodar todas sus estructuras a la forma de vida de los ancianos. Y Japón, que es el campeón mundial de la baja natalidad, está viéndose obligado a reformar hasta sus cárceles para asistir a una población que, de seguir a este ritmo, pasaría de los 127millones actuales a tan sólo 64 en menos de cien años.

Casi todas las prisiones del país han habilitado ya pabellones para la tercera edad. Los ancianos, más de un 12% del total de presos, tienen normas y espacios diferentes. Por ejemplo, dedican sólo las tardes a actividades manuales poco fatigosas, mientras que el resto se dobla la espalda durante ocho o nueve horas de trabajos forzados.

Televisor, tatami y aseo propio

Los mayores de 65 tampoco están obligados a marchar en formación y muchos reciben asistencia médica diaria. «Estamos adaptando las cárceles a un sector de la población más frágil psicológica y físicamente», explican las autoridades. «Recibimos un trato especial por ser ancianos», comenta un preso de 76 años, a quien se le suministra una dieta especial para controlar su diabetes y vive en una habitación individual con televisor, tatami y aseo.

Las autoridades penitenciarias están asustadas de lo que en un futuro podría llegar a costar mantener las cárceles. Los ancianos requieren más atenciones, son más caros que el resto y las estadísticas dicen que cada vez hay más entre rejas. Según el Ministerio de Justicia, la criminalidad entre los mayores de 65 años es un fenómeno que debería hacer reflexionar. Desde 2000 ha crecido a un ritmo del 160%, pasando de 17.942 a 46.637 crímenes. El resultado es que la proporción de ancianos en los penitenciarios ha pasado del 9,3 al 12,3%.
En la cárcel de alta seguridad de Fuchu empiezan a escasear ya los recursos de vigilancia. «Cuando alguno de los reclusos enferma gravemente y hay que llevarlo fuera, se requieren tres guardias que deben ir con él y vigilarlo. Eso es muy caro», asegura el director de la prisión.

El problema, dicen los medios japoneses, tiene otras aristas más allá de la proverbial baja natalidad del país. Y es que las cárceles envejecen incluso más rápido que la sociedad, algo que no ocurre en la mayoría de los países occidentales con problemas de natalidad. Así, mientras la población japonesa mayor de 60 anos aumentó en un 17% de 2000 a 2006, en las cárceles la subida fue del 87%, casi cinco veces más.
Los cuidadores de los centros penitenciarios tienen una explicación: están convencidos de que las cárceles empiezan a funcionar como asilos donde se recogen los desechos de una sociedad que se ha industrializado en un abrir y cerrar de ojos y donde las estructuras familiares tradicionales desaparecen. Muchos ancianos quedan sin recursos, desatendidos y solos. Y acaban metiéndose en problemas.

La reincidencia delictiva de los ancianos japoneses también es un récord. Algunos narran sin escrúpulos como disfrutaron de la libertad durante unos días y, cuando se cansaron de dar vueltas, «volvieron a casa» robando antes alguna tienda o marchándose de un restaurante sin pagar. «Hay muchos que tienen miedo de volver a la sociedad y prefieren seguir dentro», dice el vicedirector de la cárcel de Onomichi.


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El conocimiento de otras realidades, de lo que existe más allá de nuestro pueblo, comarca o provincia, nos ayuda a relativizar y hacer reflexiones y planteamientos sobre el camino que está tomando el planeta.

Es interesante plantearse como se reproducen guetos, en los que a menudo observamos, como lo que teóricamente afea la visión edulcorada de la realidad, se esconde más aún, proporcionalmente al escándalo que nos produce ver los "atrases" de este mundo. Las cárceles esconden una cara oculta de la sociedad. Una realidad que atraganta. Y ahora sabemos que en un país en teoria "avanzado", como es Japón, dentro de las cárceles, se crean nuevos guetos: cárceles de mayores. Casi nada.

Y hablando de guetos, vemos como la sociedad neoliberal, post-moderna y digital, con sus cosas buenas, también teje barreras invisibles, muros infranqueables para los elementos más vulnerables de la sociedad. Y la soledad añadida a la insolvencia para satisfacer nuestras propias necesidades, nos enseña el camino del riesgo de ser incapaces de sortear esa barrera invisible.

Alguien puede decir que lo que pasa en Japón, no tiene porqué reproducirse en nuestra realidad. Yo digo que en un mundo totalmente globalizado, las conexiones dentro de un planeta cada vez más uniformado, no deberían dar pie a relajarnos.

Esta noche, es Nochebuena y mañana Navidad...